Hoy nadie quiere ser hipócrita

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ArtCover por Gabriel Hernández

Por Jordan Miller

Hoy en día la gente suele ser más sincera de lo común. Todos dicen y repiten que nunca han sido hipócritas: son esa gente que tú oyes decir frases como “yo le digo la verdad en la cara a cualquiera”. Nunca entendí eso, incluso los testigos de Jehová son hipócritas, no me creo que todos les caigan bien, porque es imposible, y aun así pasan casa por casa, viendo todo tipo de caras, redondas, grasosas, lindas y feas; se presentan con su biblia en la mano, diciendo esto del camino mejor y de encontrar a Dios, pero sin que nunca falte esa sonrisita de oreja a oreja.

El problema, la verdad, es que dicen no ser hipócritas para demostrar una pureza mediocre que no vale para nada. Todo ser humano, no por defecto, sino como algo predeterminado, debe mentir y mostrar una “fake face”, para adaptarse al medio que le rodea, simplemente por las circunstancias, la necesidad y/o el interés que tenga.

Los niños están en una edad de inocencia, si hacen algo mal es porque no saben, pero la verdad es algo natural. Casi sin saber un niño acepta un chocolate con una alegría meramente falsa a cualquiera (incluso a un completo desconocido), le caiga mal o no, porque le fascina el chocolate y no es mongo, quiere saborearlo.

Pero uno cuando crece se cree especial. “No, yo no hago eso”, “eso no es de hombres”. Hasta puede ser visto como un insulto el que digan “!qué hipócrita es este tipo!”; pero vamos a ver, seamos realistas, cualquiera engaña por algo que quiere.

La gente tiene serios problemas para aceptar sus errores, y claro que siempre te van “con la verdad por delante”, porque esta sociedad “no engaña”. La opinión que la gente tiene de algo (y sobre todo de los demás) resulta a veces la más grande de las verdades, algo así como pasar por una lavadora espiritual.

Siempre hay un comentario, mayormente de desagrado, que puede volvernos críticos y sinceros, con nosotros mismos, con el resto del mundo. Cuando llega ese alguien que “siempre te cayó mal nada más de mirarlo”, pero en el momento de encuentro mientes cuando pasa y saluda (“Qué tal, ¿todo bien?”, sonrisa incluida), te conviertes prácticamente en un autómata de la hipocresía. Y cuando ese alguien llega y te brinda algo que quieres, ahí sí se olvidan las discordias y el resentimiento tonto pasa a un segundo plano.

¿Interés? No, qué va, eso no es ser interesado, mucho menos hipócrita, es que al final todos somos seres humanos y hay que aprender a perdonar. Yo por mi parte estoy feliz de vivir en una sociedad repleta de valores morales y de tanta gente que habla siempre con el corazón en la mano.

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Revista Junior de cosas que te callas

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